Salvando el efecto observador

 

 

A muchos de los que nos dedicamos al ámbito de la evaluación de talento – e incluyo aquí a las actividades de selección pues, en mi opinión, conllevan necesariamente una fase de evaluación (de lo contrario, hablaríamos de reclutamiento) – les sonará la situación siguiente:

 

Uno o varios participantes en un proceso de evaluación (pongamos que para validar una promoción interna) se ven, de repente, rodeados por un ejercito de evaluadores que se dedican a anotar sistemáticamente cada palabra o gesto. Al inicio de la sesión se ha dejado claro que su presencia es necesaria y tiene toda la razón del mundo (consultores, compañeros de áreas de selección y/o desarrollo, HRBP, etc.), pero lo cierto es que el ratio observador/participante es superior a 2 o incluso 3.

No hace falta conocer o haber estudiado el efecto observador para intuir que, cuanto más se sienta observado alguien, más artificial se volverá su conducta.

Este es un escenario al que las ciencias humanas se han enfrentado desde hace años, en lo que el lingüista William Labov denominó “paradoja del observador”, quien establecía lo siguiente acerca del concepto:

“[…] el propósito de la investigación lingüística en una comunidad debe ser descubrir cómo habla la gente cuando no está siendo observada sistemáticamente; no obstante, solo podemos obtener dicha información mediante observación sistemática.”

Es, en esencia, la misma dificultad a la que nos enfrentamos continuamente a la hora de evaluar el talento en sus diferentes formas.

¿Cómo salvar esta dificultad?

Sociolingüistas como J. K. Chambers consideraron que una de las estrategias más exitosas para lograr que las personas olvidasen la artificiosidad de la situación se basaba en el uso de juegos infantiles, entre otras estrategias, como el recurrir a eventos emocionalmente poderosos para los individuos, y que ayudan a disparar una respuesta más natural y espontánea.

Desde Bros Group, nos aupamos sobre los hombros de estos investigadores que lidiaron con la cuestión en el pasado para proponer soluciones a la cuestión. En este sentido, estamos en un continuo proceso de gamificación de nuestras actividades de evaluación, construyendo auténticas experiencias globales construidas en torno a un hilo conductor (storytelling) que proporcionan una vivencia emocional atractiva y satisfactoria, que potencia exponencialmente la observación de las auténticas habilidades y reacciones de los participantes.

 

A lo anterior, sumamos un desarrollo tecnológico que nos permite reducir a la mínima expresión la presencia de observadores, ya sean estos internos o externos. Para ello utilizamos las más avanzadas técnicas de grabación y transmisión digital, siendo a la vez capaces de llegar a un número superior de evaluadores/observadores que con las metodologías de observación presencial tradicionales.

Nuestras experiencias están validando de manera consistente la filosofía que sostiene nuestro enfoque y que se resume en la frase atribuida a Platón: “Puedes descubrir más sobre una persona en media hora de juego que en un año de conversación.”

Y, añadimos, es probable que la persona guarde un mejor recuerdo de esa media hora que de todo el año.

 

Daniel Ruipérez
Talent Unit Director
BROS GROUP